
ORIGEN DEL BOXEO PARTE 2
PARTE 2: 2.000 / 1.001 a.C.
Si nos basamos en las primeras evidencias, los orígenes del boxeo se remontan a más de 5.000 años atrás, en la antigua Mesopotamia. (actual Irak y zonas del noreste de Siria). Gracias a las rutas comerciales dicha práctica se difundió a otras civilizaciones como la Egea (actual Grecia) a partir del 2.000 a.C.
El mar Egeo fue vital gracias (entre otros aspectos) a sus grandes rutas comerciales, bien establecidas, que conectaban las civilizaciones de Mesopotamia y el Levante en lo que hoy es Grecia. Este entramado no se limitaba a bienes como metales o cerámicas, sino que era un canal dinámico para la difusión e intercambio de ideas, tecnologías y prácticas culturales. Fue en este contexto donde el boxeo, ya arraigado en el Próximo Oriente, pudo viajar, ser difundido y asimilado por las comunidades egeas, sentando las bases de su desarrollo.

Precisamente, una de las primeras evidencias más impactantes de esta asimilación cultural y desarrollo en cuanto su práctica, es una preciosa obra de arte minoico como el famoso fresco mural de “Los Boxeadores de Akrotiri”.
Datado de aproximadamente 1.700 a.C, fue descubierto en el asentamiento de Akrotiri en la Isla de Thera (actual Santorini, Grecia) en excavaciones iniciadas y dirigidas en 1967 por el arqueólogo griego Spyridon Marinatos.
En él se muestran a dos boxeadores aparentemente adolescentes, ataviados con un guante cada uno. El de la izquierda luce un brazalete y un collar, indicando posiblemente la diferencia de estatus social entre ellos.
En 1.600 a.C. aproximadamente, un gran volcán situado en el centro de la isla de Thera entró en erupción. La erupción fue tan masiva que el volcán colapsó sobre sí mismo, creando una enorme depresión en forma de media luna, conocida actualmente como la caldera inundada.
Una pieza arqueológica fundamental que enriquece el conocimiento sobre la cultura, el arte, la sociedad y por supuesto el deporte en las civilizaciones del Mar Egeo.

Sin salir de Grecia nos movemos desde Thera hasta la la isla de Creta para hablar de este “Rhyton de los Boxeadores", datado de la Edad del Bronce Tardía, específicamente entre los años 1550 y 1500 a.C. hallado en el Palacio de Hagia Triada en excavaciones a principios del siglo XX.
Actualmente se conserva y exhibe en el Museo Arqueológico de Heraclión, en Creta.
El rhyton está decorado con relieves que representan diferentes escenas. En la parte superior, se aprecian escenas de boxeo y lucha, mostrando figuras atléticas en combate. Justo debajo, se observa como acróbatas saltan sobre toros, una práctica ritual característica de la cultura minoica. Estas representaciones ofrecen valiosa información sobre las actividades físicas, rituales y creencias de los minoicos.
Un rhyton es un recipiente generalmente en forma de cono (o con cabezas de animales), característico por poseer una pequeña abertura en su base. Se utilizaba principalmente en rituales para verter líquidos (libaciones) y en ceremonias, aunque también podía usarse para servir bebidas en grandes celebraciones. Se fabricaban en una variedad de materiales como cerámica, bronce, oro, plata o diferentes tipos de piedra, como la esteatita -imagen-.
El Palacio de Hagia Triada fue un importante sitio arqueológico minoico al sur de la isla. Hagia Triada es conocida por su complejo de palacios y villas elitistas.

En la ribera occidental de Luxor, en la necrópolis de El-Assasif, se encuentra la Tumba Tebana 192, perteneciente a Kheruef, alto funcionario del faraón Amenhotep III (algo así como un cargo muy cercano al poder en la corte egipcia). En sus muros se conservan relieves en piedra caliza datados en el Imperio Nuevo, Dinastía XVIII, hacia el año 37 de reinado del faraón, en torno al 1353 a.C., en el contexto de las celebraciones del Heb-Sed o jubileo real.
Entre las escenas festivas representadas en el pórtico del patio destacan varias figuras masculinas enfrentadas en actitudes que se interpretan como combates de boxeo y lucha con bastones. Los hombres aparecen con los puños desnudos, en posturas dinámicas de ataque y defensa, acompañados de inscripciones jeroglíficas que refuerzan la acción representada. La presencia del boxeo en este contexto sugiere que no solo era una práctica conocida, sino también un espectáculo asociado a celebraciones públicas vinculadas al poder y a la renovación simbólica del faraón.
La tumba de Kheruef constituye así una fuente esencial para comprender la cultura física y el imaginario festivo del Egipto Faraónico. A través de estas escenas, se evidencia cómo los deportes de combate formaban parte del tejido social y ceremonial, aportando una valiosa perspectiva sobre su vitalidad cultural.

Viajamos a Chipre hasta el asentamiento de Enkomi, al este de la isla, situado cerca de la actual ciudad de Famagusta, donde se descubrió una crátera (recipiente de cerámica de gran capacidad utilizado en la antigüedad para mezclar vino y agua), datada del Heládico Tardío IIIB1, entre el 1300 a.C. y el 1250 a.C.
Decorada en el estilo “pictórico” micénico, la pintura representa dos figuras en movimiento, practicando boxeo, acompañados de varios trazos y dibujos decorativos comunes en el arte micénico.
El objeto fue descubierto en las Excavaciones del Legado Turner, un conjunto de trabajos arqueológicos que tuvieron lugar a finales del siglo XIX y que resultaron en la adquisición de la pieza por el Museo Británico en 1897, formando parte aún en la actualidad de su colección.
Queda demostrado que el boxeo era una práctica conocida y extendida en el mundo Egeo, gracias a la extensión de influencias e interacciones culturales entre civilizaciones a través del tiempo, enriqueciendo así nuestro patrimonio cultural global.

Entre las figuras reconstruidas, el tipo predominante es el denominado “pugilatore”. Estos boxeadores rituales se representan con el torso desnudo, faldellín y cinturón, portando en el brazo derecho una funda rígida rematada en un elemento punzante, mientras sostienen con el izquierdo un escudo rectangular sobre la cabeza. La disposición técnica sugiere un combate estructurado y altamente violento, probablemente de carácter ceremonial.
Las estatuas, que alcanzan entre 2 y 2,5 metros de altura, presentan rasgos estilizados característicos, como los ojos tallados en círculos concéntricos. Constituyen las esculturas antropomorfas monumentales más antiguas conocidas en el Mediterráneo occidental, anticipando desarrollos escultóricos posteriores.

En la península del Sinis, cerca de Cabras, se localiza la necrópolis de Mont'e Prama, uno de los yacimientos más extraordinarios del Mediterráneo occidental. Allí aparecieron, fragmentadas sobre tumbas de fosa, una serie de esculturas monumentales (descubiertas de manera casual en marzo de 1974 por unos agricultores locales) pertenecientes a la cultura nurágica, datadas entre los siglos XI y X a.C., en plena transición del Bronce Final a la Edad del Hierro.
En la actualidad se conservan principalmente en el Museo Civico Giovanni Marongiu de Cabras y en el Museo Arqueológico Nacional de Cagliari, ambos en Cerdeña.
En 2023, una de las esculturas fue exhibida temporalmente en el Metropolitan Museum of Art de Nueva York como préstamo internacional.
En paralelo a las estatuas monumentales de Mont’e Prama, la cultura nurágica produjo los llamados bronzetti, pequeñas estatuillas votivas de bronce elaboradas mediante la técnica de cera perdida entre los siglos XII y VI a.C. Aunque no proceden del mismo yacimiento ni fueron halladas en el mismo momento, comparten rasgos iconográficos claros, como la representación de guerreros y pugilatori con guante armado y escudo. A diferencia de las esculturas colosales en piedra caliza del siglo XI–X a.C., vinculadas a un contexto funerario específico en Mont’e Prama, los bronzetti aparecen en santuarios y espacios de culto por toda Cerdeña y se conservan hoy en distintos museos de la isla y del ámbito internacional.
El conjunto de Mont’e Prama no solo documenta una práctica de pugilismo ritual, sino que redefine el papel de Cerdeña en la protohistoria mediterránea, evidenciando una tradición artística autónoma y una cultura capaz de monumentalizar la identidad guerrera y la memoria funeraria con una fuerza simbólica excepcional.

Desde las primeras representaciones orientales hasta las esculturas y frescos del Mediterráneo del Bronce Final, el combate de puños evolucionó de gesto ritual a práctica con identidad social reconocible. Al aproximarnos al siglo X a.C., el pugilismo ya forma parte del imaginario atlético del mundo egeo y está a punto de integrarse en estructuras competitivas más definidas. A partir de aquí comienza un recorrido complejo: institucionalización, expansión clásica, transformación romana y, siglos después, prohibición, clandestinidad y renacimiento. El combate no desaparece; cambia de forma. Y esa metamorfosis será la clave del siguiente tramo de la historia.





